¿De quién son los proyectos de crowdfunding?

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Si tenemos que apuntar dos factores que han propiciado, en los últimos años, el auge del emprendimiento, serían sin duda el bajo coste de acceso a la tecnología y los nuevos modelos de financiación colaborativa. En el primer caso, soluciones como el alojamiento de servicios en la nube y el pago por uso permiten reducir al mínimo imprescindible el gasto dedicado a herramientas de desarrollo y gestión. En el segundo, el espíritu colaborativo permite afrontar la realización de proyectos con la seguridad de tener un apoyo económico previo y, al mismo tiempo, probar el interés del público potencial por el producto. Hablamos, en efecto, del crowdfunding o micro-financiación. Pero surge una duda acerca de este modelo: ¿hasta qué punto el producto o servicio creado por crowdfunding es sólo propiedad de quien lo desarrolla? ¿Qué hay de los micro-inversores si, en un futuro, el resultado es un éxito comercial?

A través del crowdfunding, pequeños emprendedores y startups de todo el mundo encuentran alternativas a la financiación bancaria clásica, lo que es, sin duda, una esperanza para muchos perfiles que no pueden acceder al crédito por los canales tradicionales. A través de plataformas específicas, que permiten la autopublicación de proyectos y cuentan con sistemas de pago para las donaciones, es posible conseguir dinero a través de internet a cambio de ciertos beneficios: el acceso en primicia del producto, información de su proceso de desarrollo e incluso el reconocimiento nominal como “mecenas”. La estadounidense Kickstarter es la plataforma más importante del mundo, pero en España contamos con iniciativas como Verkami, Goteo o Lánzanos.