Nuestro cuerpo como entorno red

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Relojes, camisetas, zapatillas e incluso gafas y otros accesorios del entorno cotidiano incorporan ya tecnología avanzada con el objetivo de mejorar nuestra calidad de vida. El auge de este tipo de dispositivos, los llamados wearable computers, es imparable. Según un reciente estudio de IDC, en 2018 el número de dispositivos wearables superará los 112 millones en todo el mundo. De momento, el consumo de este tipo de gadgets se triplicará durante 2014 llegando a alcanzar los 19 millones de unidades vendidas. Casi nada.

El estudio de IDC diferencia entre tres tipos de wearables. Los primeros son los llamados complex accessories, es decir, aquellas piezas que funcionan de una manera independiente pero completan sus prestaciones conectadas a internet o a smartphones, tabletas o portátiles, como serían los relojes inteligentes. Estos serán los que dominarán el mercado gracias su simplicidad, diseño y funcionalidad. Otro tipo son los smart accessories, similares a los anteriores, que permiten a los usuarios añadir aplicaciones de terceros que incrementen las funciones del gadget para una experiencia más completa. El tercer tipo que describe IDC son los smart wearables, dispositivos que funcionan con total autonomía e independencia a excepción de su conexión a internet, y entre los que destacarían las Google Glass.

En su mayoría, los anteriores son accesorios que miden las constantes vitales, monitorizan determinados signos o calculan el consumo de calorías, pero ya hay otros que van más allá y pretenden ser una verdadera ayuda tanto para pacientes como para médicos, sobre todo por su capacidad para comunicarse de manera inalámbrica en lo que se conoce como WBAN (Wireless Body Area Networks). Pero ¿qué son las WBAN? Se trata de redes de comunicación que utilizan elementos de baja potencia, unidos a sensores y acelerómetros vinculados a dispositivos “vestibles”, creando un entorno desde el que se puede monitorizar información corporal y remitirla en tiempo real a otras aplicaciones (por ejemplo, en nuestro smartphone) o centros de control para su análisis, como un centro médico o clínica.

El 60% de los dispositivos vendidos durante 2013 pertenecía a la categoría de fitness y salud, lo que demuestra el interés que despiertan en la sociedad con esta finalidad tan concreta. Este tipo de tecnología está aún en una etapa inicial de su desarrollo y tiene infinitas posibilidades de aplicación, aunque el campo más adelantado es la asistencia médica para la monitorización de parámetros vitales de personas con enfermedades crónicas. Es el caso de la diabetes, campo en el que ya se investigan desde lentillas con la capacidad de medir los niveles de glucosa del paciente por segundo a relojes inteligentes con capacidad de medir la glucosa de una forma no invasiva. Pero esta enfermedad no es la única para la que se están llevando a cabo desarrollos: deficiencias cardíacas o enfermedades como la epilepsia podrán beneficiarse de un control más exhaustivo de las constantes vitales o la actividad cerebral gracias a estos sensores. Más allá de este uso del cuerpo como red de comunicación, se habla incluso de una sensor society en la que los objetos registrarán nuestros datos, dándonos información personalizada en todo momento e incluso podrán hacernos sugerencias de mejora.

La creciente cantidad de objetos inteligentes conectados a internet, no para de crecer, y a medida que lo hace, el cuerpo se convierte en un entorno de red, en un espacio de comunicación, capaz de emitir y recibir datos. Cómo comentaba Ángel Barrio en su post sobre el Internet de las Cosas, vamos a ver una evolución de los sistemas operativos y de los terminales que los implementan con el objetivo de adaptarse a este contexto, y sucederá igual en el caso de estas redes corporales. Para ello seguirá siendo necesario trabajar en soluciones de red, capacidad de almacenamiento y procesamiento y data centres, pero lo más importante es proporcionar soluciones rápidas, seguras y flexibles, para ser capaces de responder a las necesidades de los usuarios.

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