Sonría: su empresa está en fase beta


Entre la marea de alertas que inundan las pantallas de nuestros dispositivos móviles, hay una que se ha hecho habitual: la actualización disponible. No importa el modelo de terminal ni el sistema operativo; prácticamente todos los días nos encontramos con una notificación que nos indica que alguna o varias de las aplicaciones que tenemos instaladas en el teléfono tiene a su disposición una nueva versión que corregirá errores de la anterior y nos proporcionará funciones mejoradas. No importa que la aplicación sea veterana ni que haya sido testada previamente por millones de usuarios. Lo normal es que su desarrollo nunca termine. Ese movimiento en constante progresión, en el que el producto se renueva de forma permanente, se ha trasladado al mundo de la empresa. Bienvenidos a las compañías en fase beta.

El concepto beta se aplica, en el mundo de la informática, a los programas que se encuentran en fase de prueba previa a su lanzamiento comercial. Un desarrollo beta suele ser plenamente funcional, pero no garantiza al usuario un disfrute libre de errores ni fluido. Al contrario, son los usuarios que hayan sido escogidos para ello los que, como pilotos de pruebas, tendrán que notificar lo que no funciona correctamente según el entorno en el que operen: sistema operativo en el que han instalado el programa, hardware con el que lo operan, volumen de carga de datos, multitarea…

Ahora bien, nos hemos acostumbrado a que la fase beta, que prosigue a la alfa (empiezan a darse casos de éxito comercial en esta etapa, como el juego DayZ), no sea un estadio previo a nada, sino la meta final de la empresa que se redefine a sí misma cada cierto tiempo. Lo venía anticipando el mundo del software con las actualizaciones de seguridad, algo a lo que nos ha acostumbrado el entorno Microsoft. Pero han sido las aplicaciones móviles las que, finalmente, nos han inculcado que se puede poner a la venta un producto sin finalizar mientras sea capaz de dar respuesta a las necesidades de un grupo mínimo de usuarios. Esta filosofía se está trasladando con éxito al mundo de la empresa.

La organización lean

En el caso de las organizaciones, el concepto de beta permanente se ha implantado siguiendo el modelo del llamado lean manufacturing. ¿En qué consiste? En planificar la producción pensando, en primer lugar, en el cliente, tanto en aportarle valor como en considerar sus opiniones y experiencias para determinar cómo debe ser el resultado de nuestro trabajo. En segundo lugar, se busca la eficiencia máxima, de manera que se descarten aquellos recursos que no aporten valor directo al producto o servicio final. El modelo clásico de empresa productora bajo esta filosofía es Toyota.

Del lean manufacturing saltamos, en 2008, al concepto de lean startup. La idea la desarrolló Eric Ries, autor de la obra “The Lean Startup”. Tomando los principios anteriores, desarrolló un modelo que preconiza que una empresa no necesita de grandes inversiones ni desarrollos porque no es imprescindible lanzar al mercado un producto perfecto. Al contrario. Puesto que la empresa lean tiene en cuenta la opinión de los clientes, necesita para ello poner en sus manos el producto o servicio y dejarles experimentarlo para que le transmitan sus dudas, críticas y comentarios positivos, de manera que, fruto de ese diálogo práctico, la oferta de la empresa se vaya mejorando a través de la innovación. Las inversiones no se realizan, por lo tanto, en función de lo que el empresario cree que debe hacerse, sino de la experiencia directa de comprobar lo que funciona y lo que no, de manera que se invierte en lo que es estrictamente necesario.

Ries planteó el modelo pensando en startups por un motivo claro: el presupuesto. Si el concepto lean se traduce en inversiones más ajustadas, es perfecto para los que tienen pocos recursos en la fase inicial de lanzamiento. Pero no es una idea privativa de las pequeñas compañías. ¿Acaso no está Facebook reinventándose de forma permanente, pese a ser un gigante valorado en más de 175.000 millones de dólares? ¿Es Red Bull realmente una compañía que vende bebidas energéticas o un generador de contenidos y experiencias que se financia con dichas bebidas? ¿En qué se habrá convertido en los próximos meses o años?

Los requisitos de una empresa beta

Ser una empresa lean o en beta permanente, sin embargo, no es fácil. Por supuesto, requiere de una agilidad para la que muchas organizaciones no están preparadas, sobre todo desde la Dirección. El compromiso de los mandos con el cambio permanente y el continuo trabajo de prueba/error es difícil de asumir cuando los procesos están preparados para seguir esquemas de gestión tradicionales. Sin embargo, hay aspectos que deben tenerse en cuenta:

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